viernes, 30 de agosto de 2013

                         Basura imposible de reciclar


Probablemente si un pobre extraterrestre tuviera la oportunidad de visionar ciertos programas de televisión como son Next y Mujeres y hombres y viceversa, confirmaría que no solamente no existe vida inteligente terrícola, sino que los leves indicios de vida más bien semejan un estado de putrefacción tendente a contaminar el resto del planeta.
La particularidad de estos programas que se emiten en horario de mañana radica en que tanto los chicos como las chicas buscan una cita, y para ello que mejor que salir en la tele y cobrar un dinerito. Pero la perversidad llega hasta el extremo de que ya de antemano se ha perdido toda la espontaneidad y frescura pues se va a lo que se va, “ a pillar”, con lo cuál todo la magia se pierde antes de comenzar. Además de perpetuar y convertir a las personas en meros maniquís que solamente tienen un pobre y soez lenguaje, trasmite los peor de la sociedad. Pero aún hay más en toda esta pornografía sentimental, ya que la mujer entronizada ( pues reciben el calificativo de tronistas en Mujeres y hombres y … ) sentada y con las piernas como deben de estar cruzadas, se le van presentando sucesivos candidatos que estudian- eso dicen- trabajan y además  -por supuesto van al gimnasio- y son guapos- sino no podrían ni acercarse al plató- y visten a la moda en cuanto corte de pelo y vestimenta; vamos un portento de evolución de la especie. La chica- por que no merece el calificativo de mujer- debe de escoger entre aquel chaval que mejor tableta tenga ( los abdominales ) y curriculum, vamos aquel con más porvenir de asegurarte que te paga las copas y con la fuerza suficiente para llevarte las bolsas, que en este programa me enteré que existe el ir de compras como afición, ( y luego dicen que sólo se aprende en los documentales de la 2). El programa no tiene desperdicio y quien no lo vea que se atenga a las consecuencias.
Pero además, esos tronistas  hacen dinero por acudir a ciertos bares de copas y firmar autógrafos a sus seguidores, un acontecimiento que es anunciado como si fuera un auténtico concierto de rock; vamos que la pesadilla continúa. ¿Quizás será que cierta juventud sólo tiene ídolos virtuales , ni siquiera de barro ?
Haciendo tiempo y zapping conocí como no podía ser menos el programa Next, donde los participantes o candidatos a tener una cita con una chica o chico esperan en un autobús y quién escoge quién será su posible candidato va filtrando y despachando con cada uno. En este programa más desenfadado, los premios son: dinero o tener una segunda cita con el chico/a, pero lo verdaderamente interesante radica en las conversaciones que se mantienen dentro del autobús, pues son una medida de cierto tipo de juventud ( aunque evidentemente sesgado por el lugar y momento ), de su lenguaje y sus maneras, un auténtico filón para cualquier estudio de sociología de barrio que se precie.


Lo que ambos exudan es lo más degradante de las relaciones entre hombres y mujeres, donde la falta de respeto, la exageración del culto al físico, la mediocridad, la ausencia de elegancia y la más absoluta falta de cultura. Y sin embargo, la sociedad se alarma por los datos sobre la violencia de género, es como aquel que pretendiendo ahorrar se va todos los días al bingo. 

martes, 20 de agosto de 2013

                        La masculinidad robada


La gran mayoría de madres que acuden con sus hijos ( sean estos niños, preadolescentes o adolescentes) al psicólogo se muestran preocupadas por los comportamientos de los mismos y sus actitudes. Sin embargo, el  problema se encuentra muchas veces en las propias madres que pasan la mayor parte del tiempo con los chicos, y muchas de las cuales apenas tienen una vaga noción de lo que significa ser niño, de cómo piensan, sienten o se comportan. Esto ocurre en parte por que muchas mujeres han crecido sin hermanos y se sienten abrumadas por el comportamiento de los niños, pero también por no comprender su introspección, las actitudes desafiantes, la pasión por el riesgo y su impulsividad, así se les exige que expresen las emociones como sus hermanas, que sean tranquilos como ellas, en definitiva se desea de forma consciente o no, su feminización.
Así pues, la estabilidad emocional de algunos niños se ve afectada por el intento de actuar como lo hace el sexo opuesto.  Esta es una consecuencia de la ideología de género donde las características netamente masculinas resultan, si no rechazadas, por lo menos sospechosas. La falta de una identidad masculina les hace tener poca confianza en sí mismos, así como una autoestima disminuida que los conduce a sentirse frustrados y confusos.
En relación con las niñas se está muy pendientes de los fallos del sistema educativo, del acoso en las escuelas, la falta de estimulacion por parte de los padres, de los roles y estereotipos que la sociedad impone, pero en el caso de los niños, se les echa la culpa a ellos de su fracaso, no a las circunstancias, al modelo educativo o la sociedad en general.
El problema de querer implantar en las escuelas el “ideal femenino” es que la mayor parte de los niños no les va bien por que tienen una forma diferente de aprender, otros ritmos de maduración y otra manera de comportarse y en este ambiente los niños son incomprendidos y minusvalorados además de ser incapaces de desarrollarse tanto en lo académico como en lo personal.
En la pubertad rara vez el niño expresa tristeza, ansiedad o miedo, sino que se mostrará enfadado, agresivo e introspectivo. Ante esta circunstancia los adultos sólo logran llegar a ver a un adolescente que se muestra impertinente y fanfarrón, cuando en realidad en su mundo interno está lleno de miedos, inseguridades y dudas. Esto demuestra una vez más que durante generaciones se ha educado la inteligencia de los niños pero no sus emociones ni su afectividad, por lo tanto para que un niño exprese sus emociones y comparta sus sentimientos es imprescindible poder hacerlo sin criticarlo, sin reírse de él o regañarlo por lo que siente, y por lo tanto en un ambiente en el que se sienta emocionalmente seguro. Si se le escucha con seriedad, se habrá conseguido un primer paso importante y necesario.




domingo, 28 de julio de 2013


                          Más allá de lo metrosexual


Como el siglo XXI ya se encuentra bien avanzado, los gustos varían y a la vez el alejamiento del varón de la naturaleza es cada vez mayor a medida que se acerca o fusiona con la máquina. Viene esto al caso de que cada vez son más los adolescentes y jóvenes que en su proceso de rechazo del vello- pelo- acuden a la depilación como forma de hacer desaparecer de su cuerpo todo rastro de pelo  y así- esto es lo que actualmente sostienen los cánones de belleza actuales- parecer más bellos ( aunque en realidad no sea así ) y gustar más al género femenino o al masculino. El tema, es hacer desaparecer definitivamente todo rastro de pelo. Sin embargo, se sabe que cuando se depila sobre todo con las técnicas de láser que provocan el quemar los poros lo que se provoca precisamente es una pequeña cicatrización y quemadura del poro y donde antes existía pelo-  agradable y velludo que para eso la naturaleza nos dotó de tan maravillosa pelambrera- se está provocando una herida en la piel, pero eso no importa hay que ir a la moda y gustar, que por encima de todo hay que sufrir, pues se sufre. Atrás pero muy atrás en los dichos populares y en el camino queda aquello de que el hombre y el oso cuanto más bello más hermoso. Pero la hermosura ahora en los tiempos que corren está en los cuerpos lampiños, hidratados, desodorizados, descremados, sin ápice de grasas y probablemente sin emociones por que además y  avanzando un poco más en esta cuestión que para nada es baladí, cuando sentimos una fuerte emoción se dice: se nos eriza la piel, es decir se nos ponen los pelos como escarpias, pero si no hay pelo y las emociones cada vez son menores o más propiciadas por los fármacos o drogas que nos queda, pues probablemente eso sentir poco y pensar menos. Bajo el manto terso y suave de la estética que todo lo impregna, el hombre ya sin retorno a su auténtica y maravillosa naturaleza coge el desvío de la moda y así nos va.

Para finales del presente siglo, los sentimientos habrán desaparecido de nuestra conciencia. Esto no quiere decir que dejaremos de sentir, así sin más, sino que pronto nos habremos liberado de estar a merced de las pasiones por obra y gracia de la química, la neurociencia y la “psicología cognitiva”. Esto lo comentaba el escritor Enrique Lynch, y aunque cuesta creer en un individuo sin apasionamientos o experiencias sentimentales parece que todo apunta hacia esa dirección. Mientras, la resistencia está en seguir satisfecho por como la naturaleza nos dotó, pese a nuestras imperfecciones, pero a la vez gozosos de que nuestro vello campe a su libre albedrío por la piel y que en el tiempo estival nos demos cuenta un año más, que ahí está, cumpliendo una tímida pero maravillosa función.

miércoles, 3 de julio de 2013

Una grieta en la experiencia

                          
        
A lo largo de nuestras vidas todos hemos experimentado alguna vez una nítida y repentina sensación de haber vivido antes, en un pasado indefinible, situaciones que nos resultan absolutamente idénticas: como la sensación de haber conocido antes a determinada persona con quien nos encontramos por primera vez, o haber visto antes un lugar en el que nunca hemos estado. Esta impresión repentina de paradójico conocimiento de algo imposible se acompaña de la clara conciencia de que esta percepción actual no corresponde a ningún recuerdo efectivo. Esa sensación de vivir como fragmentos del pasado es, durante breves instantes tan nítida y poderosa que nos llena de desconcierto provocandonos una desorientación temporal. Llamamos a este fenómeno déjà vu y suele ir acompañado de estupor, incluso cierta inquietud e incredulidad.
         El filósofo italiano Remo Bodei en su  ensayo Pirámides del Tiempo.Historias y teorías del déjà vu se embarca en la difícil tarea de pasar revista e indagar en un concepto el déjà vu que siempre ha fascinado a médicos, psicólogos, filósofos y escritores. Todos se han preguntado acerca de esa experiencia del presente que durante un lapso de tiempo se identifica con el pasado- esa “pirámide de tiempo”-.
Este es un libro curioso pues admite ser leído de seguido o bien el ir deteniéndose en sus notas que profundizan en las investigaciones y ramificaciones que tiene dicho término. A lo largo de ocho capítulos no se limita a exponer lo que dicen los diferentes especialistas en el tema, sino que más bien realiza una biografía del término y rastrea el mismo  estableciendo las sutiles conexiones que muchas veces existen entre lo que la literatura- la poesía- expuso sobre esa experiencia tan evanescente y lo que la ciencia alcanza a comprender.
          El autor sostiene que a diferencia de la experiencia onírica, en el déjà vu uno se convierte en víctima de un “sueño al revés” –curiosa apreciación- : mientras en el sueño la alucinación se toma por la realidad, en este último por el contrario se cambia la realidad por la alucinación, por algo que nos cuesta trabajo creer, aunque teniéndolo ante nosotros. Común a uno y a otro es, sin embargo, la aparición de un absurdo evidente o de una  evidencia absurda.
         Remo Bodei mantiene que gracias a esta experiencia es como si se rasgara un velo y tuviésemos la súbita visión de un escenario profundo y enigmático, iluminado por una fuente de luz escondida. O como si además esos estados nos permitieran escuchar el eco de existencias anteriores y advertir tonalidades emotivas de oprimente melancolía, de alegría explosiva o de horror paralizante. Por mucho que tales impresiones ( de las cuales no alcanzamos a  captar el sentido y el límite, pero de cuya relevancia estamos algunas veces íntimamente convencidos ) representen un mera ilusión para el sentido común, un espejismo banal o una burla de la memoria, de hecho han constituido y constituyen un preciso resquicio que-desde el punto de vista científico, poético, histórico y teórico- permite echar una ojeada sobre algunos fenómenos de mayor complejidad y extensión.


Un libro que resulta como un tapiz, pues disparándose en muchas direcciones  nos alumbra y descubre todo un fenómeno que pareciendo ser meramente cotidiano alcanza a reflexionar sobre el tiempo y la metafísica.

martes, 11 de junio de 2013

                         La sabiduría de los diferentes
        

Con el paso del tiempo, he adquirido la sana costumbre de no leer la carátula de la parte posterior de los dvds de cine, con la única pretensión de no ir por delante en el argumento. Y así, una vez más lo hice con la película titulada Séraphine del director Martin Provost de 2.009. Ambientada en Senlis una pequeña población de Francia en 1.913 justo antes del estallido de la llamada Gran Guerra y posteriormente cuando ya hubo una segunda guerra conocida como I Guerra Mundial narra las vicisitudes de una mujer de 42 años que se gana la vida limpiando casas y con el poco tiempo que le queda se dedica a pintar. Un marchante alemán llamado Wilhem Uhde descubre la faceta artística de Séraphine y a partir de ahí se estable una relación bastante especial entre ambos.
         A medida que avanzaba la película me parecía una ficción bien construida, pero  cuál sería mi sorpresa al constatar cuando terminó que en los extras hablan de el Museo Maillol, donde se encuentra gran parte de los cuadros de la pintora  y que todo está basado en una historia real  que abarca desde 1.913 hasta 1.935 pasando por sucesos tan importantes en la historia de Europa y del mundo como la I Guerra Mundial y la crisis de 1.929.
         Siempre me ha parecido interesante los misterios que rodean la creación artística, y esto me remite a lo que decía el escritor Stefan Zweig: “de todos los misterios que encierra el mundo, el de la Creación ha sido desde el principio el más misterioso; por ello todos los pueblos y religiones se han mostrado concordes en asociar el hecho de la Creación con la idea de lo divino”. No en vano la propia Séraphine dice que la inspiró un ángel para poder pintar. Aquí converge el que más bien padecía una psicosis y en su delirio manifiesta la aparición de un ángel que le otorgó ese don. Sin embargo, la película en ningún momento bascula hacia las explicaciones psicológicas, sino que más bien centra su interés en la relación entre ella y el marchante W. Uhde ya que entre otras casas también limpia la del alemán, y es ahí donde Séraphine descubre a Uhde llorando ( Wittgenstein decía que basta un solo día para conocer los horrores del infierno y aún así sobra tiempo ) situación que demuestra la sabiduría de los alienados o “locos” diciéndole a la mañana siguiente : “ sabe señor, cuando estoy muy triste salgo a pasear por el campo y abrazo los árboles, hablo a los pájaros, a las flores y a los insectos y se me pasa”.
En otra interesante conversación Uhde le dice que cree en el alma, y esto es lo que nos hace estar tristes a diferencia de los animales, sin embargo Séraphine discrepa ( podría decirse que mantiene un cierto panteísmo ) manifestando que cuando a una vaca le quitan a su ternero esta se pone triste.
Parafraseando al escritor Michel Houellebecq  ella sabía que el mundo es un sufrimiento desplegado y consiguió articular su sufrimiento a través de una estructura – en su caso la pintura- para así mostrarnos un mundo diferente pero hermoso.


http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=eiyk5pSKUf4

domingo, 26 de mayo de 2013


Una curiosidad insaciable y muy humana



A la memoria de Enrique Vera de la Puente


Para llegar a entender el apasionamiento con el que escribe el neurólogo Oliver Sacks (Londres 1.933), es necesario acudir a las raíces y qué mejor camino para ello que su autobiografía El tío Tungsteno . Recuerdos de un químico precoz . (Anagrama, 2.003). Aunque ésta sólo abarca hasta los 16 años, es más que tiempo suficiente para llegar a comprender cómo se forja en un niño la curiosidad científica.
Su autobiografía da comienzo con la atracción que sobre él ejercieron los metales, verdaderos estímulos discriminativos, cuando sólo contaba con cinco años: “muchos de mis recuerdos infantiles son de metales, desde el principio parecieron ejercer un poder sobre mi...¡ Bronce!. La sola palabra era para mí como una trompeta, pues una batalla iba asociada con el valeroso entrechocar de bronce con bronce, lanzas de bronce contra escudos de bronce, el gran escudo de Aquiles ”.
La pasión, conocimiento y en cierta medida erudición, además de anécdotas e historia familiar que impregna el espíritu del libro, provoca en el lector que avance a lo largo de sus páginas con amenidad y curiosidad al abordar los descubrimientos y avances en el campo de la química; aunque más bien en un principio podrían parecer a cualquier lego algo más bien arduo o árido.
Es a destacar que procediendo de una familia de médicos judíos situados en el Londres de comienzos de la II guerra mundial el pequeño O. Sacks diera sus primeros pasos de acercamiento a la ciencia mostrando un interés especial por los territorios donde se une lo científico y lo romántico, con el paradigmático ejemplo del químico-poeta Humpry Davy del siglo XVIII, pues fue amigo personal de Coleridge, y así mismo Davy consideraba a la ciencia y a la poesía actividades igualmente complementarias y creativas para la exploración de la naturaleza. Este fue descubridor entre otras cosas del óxido nitroso, sustancia con la que más tarde experimentaría el psicólogo y filósofo William James y que describe en “Las variedades de la experiencia religiosa” como la primer experiencia registrada con un alucinógeno.
En El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Anagrama reedición de 2.005) continúa mostrando el mismo interés, así dice: “ el contraste en rigor entre el médico y el naturalista corresponde a una duplicidad indeleble en mi ( no en vano ha publicado “ Diario en Oaxaca”, National Geografic Society 2.002 donde narra sus experiencias como botánico en México), me siento a la vez médico y naturalista; y me interesa en el mismo grado las enfermedades y las personas, me arrastra por igual lo científico y lo romántico, veo constantemente ambos aspectos de la condición humana, y también en esa condición humana quintaesencial de la enfermedad... los animales contraen enfermedades pero sólo el hombre cae radicalmente enfermo ”.
En sus relatos clínicos incide en la relación entre los procesos fisiológicos y la propia biografía del paciente. Sitúa al ser humano que lucha y se aflige en el centro; su historial clínico es una narración o cuento donde se comprende la relación del paciente con la enfermedad. Son relatos muy ricos en contenido humano (y de ahí gran parte del interés que despierta) en una tradición que se remonta al siglo XIX y más en concreto al neuropsicólogo ruso Luria, pero además lo realmente curioso reside en la forma en la que expone los casos clínicos, con un tono asequible y un acercamiento donde combina a la vez la sabiduría humanista con la sensibilidad clínica.
Del mismo modo que quedamos horrorizados ante los daños que provoca el desarrollo de una enfermedad del sistema nervioso, un trastorno también se puede ver como algo creativo por parte del enfermo que adopta formas de comportamiento distintas a las usuales y que pueden llegar a parecer extravagantes por los mecanismos de adaptación ante la enfermedad.
En la obra “ Un antropólogo en Marte ” (Anagrama 1.997) cita al psicólogo Vygotsky, quien estudió a niños sordos y ciegos y que más que hablar de sus carencias decía: “ si un niño sordo o ciego alcanza el mismo nivel de desarrollo que un niño normal, el que el niño discapacitado lo alcance de otro modo, por otro camino, y de ahí que sea importante conocer la singularidad de ese sendero por el que debe de conducir el niño, transforma lo negativo del defecto en lo positivo de la compensación ”. Todos los relatos son de supervivientes en circunstancias alteradas y que a pesar de todo le tienden una mano a la vida.
En su obra que hoy ya es un clásico Despertares (reeditada en Anagrama 2.005) , de la que Harold Pinter (premio Nóbel de literatura del presente año) realizó una adaptación teatral titulada “ Una especie en Alaska ” en 1.982, y más tarde se llevó a la gran pantalla con la películaDespertares protagonizada por Robin Willimas y Robert de Niro, se aborda el tema de los pacientes supervivientes de la gran epidemia de la enfermedad del sueño o encefalitis letárgica ocurrida hacia 1917-1918 y las reacciones provocadas en los mismos por la aplicación de un nuevo fármaco el L-dopa que, nunca mejor dicho, los despierta (título que tomó de una obra del dramaturgo Ibsen “ Cuando los muertos nos despertamos ”); aunque más tarde vuelvan a su estado anterior. Nuevamente aquí no sólo explica la evolución que tuvieron estos casos tan sumamente extraños, sino que hace hincapié en prestar atención a la totalidad de las necesidades y sentimientos del paciente, siendo insuficiente el considerar la enfermedad como puramente mecánica o química, y teniendo siempre en cuenta la totalidad del ser humano. Consigue construir una visión del ser humano dotado de un brillo donde cada enfermo saca lo mejor de sí mismo, para así restaurar en un difícil equilibrio su salud o cuanto menos, no sufrir tanto y a la vez aprender a convivir con la enfermedad, haciendo de sus vidas verdaderas obras de arte. Es ésta una visión que abarca el punto de vista médico, humano, teórico y emotivo de las inagotables historias de estos Despertares .
En estos Despertares parece ser que la música empleada como musicoterapia también contribuyó a la mejora de los pacientes; así se dice que la misma fue, tras la farmacológica, la mejor medicación para los enfermos, como cuando se ha medido la respuestas electroencefalográficas (EEG) y se ha visto que varían en casos de Parkinson, entonces dice:“Este hombre es un buen pianista y organista, que al momento de empezar a tocar su lado izquierdo pierde su akinesia, su lado derecho pierde sus tics y su corea, encontrándose los dos lados en una unión perfecta. Simultáneamente el EEG patológicamente asimétrico , desaparece dejando ver sólo simetría y normalidad. En un minuto que para de tocar, o que su música interna se detiene, su estado clínico y su EEG abruptamente se descomponen ”. Creo que queda todo dicho con semejante descripción acerca del poder de determinada música en ciertos problemas.
Cabe señalar algún breve apunte que a la vez que autobiográfico engarza con el espíritu de investigador y de hombre auténtico, y es que no hay que olvidar que el padre de O. Sacks era un médico judío a la antigua usanza del médico de familia que conocía los problemas físicos y de otro cariz que acuciaban a las familias que visitaba a domicilio, así pues relata en su autobiografía: “ cuando mi padre a la edad de 90 años comenzó a pensar con cierta reticencia en el retiro, le dijimos, al menos deja de visitar a domicilio. Pero el respondió, seguiré visitando a domicilio y dejaré todo lo demás ”, como así mismo realizó O. Sacks y que se refleja en su obra “Un antropólogo en Marte” a la hora de quitarse la bata e ir a los domicilios de las personas que investigó en su propio entorno.
Aún hoy su pasión de la infancia y la adolescencia por la química sobrevive, pues señala que “ actualmente en las frías y tristes tarde del sábado me arrellano con un grueso volumen de Torpe, el diccionario de química aplicada, uno de los libros favoritos del Tío Tungsteno, lo abro por cualquier parte y leo al azar ”.
Considero que en él sigue viviendo el niño que tuvo por héroe de su niñez al químico –poeta Humphry Davy (qué decir en comparación con los actuales héroes que los jóvenes y adultos tanto elogian y televisan) y que desde entonces continúa haciéndose preguntas (porque realmente eso es lo verdaderamente importante) y que nos las desvela de forma maravillosa y magistral en sus libros.

viernes, 17 de mayo de 2013


                                Del pensar y sus nudos  


Si un ama de casa se para a pensar una y otra vez que comida va a hacer hoy, lo más probable es que se le pase la mañana y que llegada la hora de la comida tendrá que acudir a llamar a algún servicio de comida  preparada, o que la familia baje a comer al bar. Ha quedado atrapada en la hiperreflexión, en una maraña de pensamientos que le ha impedido tomar una decisión y  continuar con la rutina diaria.
Cuando pensamos de más el sistema nervioso se sobrecargar y nos impide el fluir de la actividad diaria atrofiándonos y perdiendo espontaneidad. Así, en un extremo del continuo estaría la impulsividad propia de los niños y saludable para el juego las bromas y aquello que requiere  actos reflejos y en el extremos opuesto estaría la hiperreflexión que es aquella actividad cognitiva ( del pensamiento ) que está presente  en casi todos los trastornos psicológicos, también en la literatura científica se le llama rumiar ( precisamente por volver a pensar una y otra vez sobre los mismo ) y en el medio aproximadamente estaría el reflexionarpensar- como cuando tenemos que sopesar algo de cierta importancia y llegado el momento tomar una decisión y actuar en consecuencia. Así pues la impulsividad y la reflexión son adaptativas, una nos prepara para la interacción en los primeros años de nuestro desarrollo evolutivo, puesto que nos permite interaccionar –jugar-  y conocer cuales son nuestro límites y la reflexión nos permite desarrollar la conciencia, crear, tomar decisiones, aprender de los errores, cultivar nuestro mundo interior, imaginar etc… es una de nuestras herramientas más eficaces y que ha permitido al hombre llegar hasta nuestros días. La hiperreflexión sería la vertiente patológica o excesiva del pensar y que impide desde el disfrute hasta el entorpecimiento del día a día en el funcionamiento de la persona. Así que existe una hiperreflexión “espontánea” del bienestar que impide el verdadero bienestar, así el estar continuamente preocupados ( y ocupado de uno mismo ) por saber si les va bien, hace que les vaya mal las veinticuatro horas del día. Esta actitud deteriora la sencilla despreocupación de vivir y reduce el mundo exterior a un reflejo del estado de ánimo de la persona, es lo que la psicóloga Elisabeth Lucas llama “actitudes vitales fundamentalmente alteradas”. Incluso se sabe que esta actitud exacerba las enfermedades psicosomáticas por provocar una tensión permanente que contribuye a despertar enfermedades latentes. Por lo tanto cuando la persona cae en los estados de hiperreflexión, es necesario el saber orientarlo hacia la actividad que le implique el salir de sí mismo y centrarse en el aquí y el ahora, y no que esté “ pegado” literalmente a su mundo interno, de ahí que la técnica de activación conductual es la más eficaz para abordar estos estados. 
Así pues, el saber hacer del pensamiento algo que fluya, si se me permite decirlo, como el propio “ río de la vida” y no que nuestro mundo “interno” sea un pantano donde quedar subsumido, es una buena opción o una actitud vital saludable de cara a no quedar enfangado y no llegar más que a callejones sin salida.